Entrevista a Chechu Gómez, educador en la ONG Apoyo Positivo: «Sin educación emocional no hay responsabilidad afectiva, no sabemos comunicar lo que sentimos ni relacionarnos de forma sana»

por | 30, May, 2026 | Entrevista | 0 Comentarios

La adolescencia es una etapa de descubrimientos, pero también de grandes presiones sociales. Para arrojar luz sobre temas que muchas veces se quedan en el terreno del tabú, hoy se sienta en nuestro espacio Chechu Gómez, mediador y educador en salud afectivo-sexual de la ONG Apoyo Positivo. En esta conversación, abordamos de forma directa la realidad de los centros educativos actuales: desde el impacto silencioso de los micromachismos y la influencia de la pornografía en redes sociales, hasta conceptos clave como el consentimiento, la identidad de género y la urgente necesidad de una educación emocional integral. Una entrevista necesaria para entender que el respeto y la diversidad no son una moda, sino la base del bienestar de los jóvenes.

P. Vamos a empezar con una pequeña presentación: cuéntanos quién eres, qué haces y un poco de tu currículum.

R. Yo me llamo Chechu. Soy mediador y educador en salud afectivo-sexual en Apoyo Positivo, una ONG que está en La Nogalera. Allí nos dedicamos sobre todo al tema de la salud sexual en el colectivo LGTBIQ+, pero también tratamos diferentes tipos de violencias. Respecto a mi formación, primero hice el Grado en Arte Dramático, concretamente en la especialidad de Dirección de Actores, que es la parte más psicológica y social. Además, estudié Psicología, la cual sigo cursando actualmente, cursé dos años de mediación en salud afectivo-sexual y también me formé en intervención social y de género, ya que aparte de mi ONG, trabajo con el Instituto Andaluz de la Mujer.

P. Nos han dicho que estás dando charlas a cuarto de la ESO sobre micromachismos. ¿Cuál es el micromachismo que más te cuesta que los alumnos reconozcan en tus sesiones?

R. El que más le suele costar a la sociedad entera: el de invisibilización. Son esos micromachismos que están tan asumidos que parecen normales, como ignorar las opiniones de las mujeres. Un ejemplo claro es cuando una mujer va a un taller mecánico con su marido; aunque el coche sea de ella, el mecánico le da las explicaciones y las soluciones a él, asumiendo que los hombres somos los que sabemos de esos temas.

P. ¿Cómo puede un chico señalar un comentario machista en su grupo de amigos sin sentir que los está traicionando?

R. El sentido de pertenencia al grupo es muy importante para el ser humano y la psicología social explica que muchas veces toleramos cosas con las que no estamos de acuerdo por miedo a quedarnos fuera. Creo que es una cuestión de personalidad y de asumir que a veces vamos a hacer sentir incómodo al grupo por un bien mayor. Si detectas algo que está mal y lo señalas, quienes se equivocan al sentirse traicionados son ellos, no tú. Y si tus amigos tienen muchas conductas así y te hacen sentir incómodo, igual es que tienes que cambiar de amigos, y no pasa nada.

P. ¿Qué impacto real tienen estas conductas que parecen «pequeñas» en la salud mental y en la libertad de las alumnas de los institutos?

R. Existe una teoría llamada la escalera de la violencia, y el micromachismo es el primer escalón de la violencia de género. Si uno no frena los micromachismos, se entra en esa escalera. Por lo tanto, normalizarlos garantiza que la violencia siga ascendiendo, haciendo que las mujeres lo sufran más, se sientan invisibilizadas y crean que son menos importantes.

P. Hablando de las redes sociales, ¿crees que los algoritmos están reforzando estos comportamientos o están ayudando a eliminarlos?

R. Sin duda los refuerzan. En las charlas os escucho decir muchas barbaridades y, cuando os pregunto de dónde viene esa información, me decís que de TikTok. Eso no tiene ningún fundamento científico ni cotejable. Las redes sociales, ciertos diarios digitales o algunos programas de televisión difunden contenido muy manipulado. Hay que saber distinguir cuándo habla un psicólogo, un sociólogo o un especialista en igualdad, cuyo criterio se basa en estudios verídicos, y cuándo es solo una opinión sin base científica.

Las redes sociales refuerzan los comportamientos machistas. Hay que saber cuándo es solo una opinión sin base científica.

P. Si un estudiante se da cuenta de que ha tenido actitudes micromachistas, ¿cuál es el primer paso que debería dar para cambiar?

R. Reconocerlas y frenarlas. En el momento en que te das cuenta, pides disculpas y te retractas. Yo mismo, como hombre, estoy rodeado de amigas y detecto que cometo micromachismos, y machismos sin el «micro», todos los días. Cuando me ocurre, les digo: «Oye, esto que he dicho ha sido muy machirulo, os pido disculpas porque me he equivocado». Hay que hacerlo sin vergüenza, porque equivocarse y rectificar es lo que nos hace humanos y honestos.

P. A nivel de culpa o castigo, ¿qué es peor: un micromachismo o un comentario machista directo?

R. Explicamos el concepto de micromachismo precisamente para entender que la violencia es violencia, sea grande o pequeña. Evidentemente, a mayor gravedad hay más peso, pero todo es igual de importante. No creo que el enfoque deba ser la culpa o el castigo, porque el castigo no nos lleva a ningún sitio; lo interesante es la reflexión. Tanto lo micro como lo macro merecen la misma importancia.

P. También das charlas sobre relaciones afectivo-sexuales. ¿Cuál es el mito del amor romántico que más daño está haciendo a los adolescentes en la actualidad?

R. Hay muchos, pero todo lo que tiene que ver con los celos, el control y la idea de que «el amor lo puede todo» nos revienta las relaciones. Con los celos pasa algo muy curioso: tendemos a pensar que sentirlos es malo. En realidad, los celos son una emoción que todos sentimos y es normal; el problema real es cómo los gestionamos y cómo los manifestamos. Ahí es donde nos hacemos daño, tanto los adolescentes como los adultos.

En realidad, los celos son una emoción que todos sentimos y es normal; el problema real es cómo los gestionamos y cómo los manifestamos. Ahí es donde nos hacemos daño, tanto los adolescentes como los adultos.

P. ¿Cuál es el límite entre los celos normales y la toxicidad? ¿Dónde está la línea?

R. La línea se cruza en el momento en que actúas contra la libertad del otro y sustituyes tu gestión emocional por el control hacia tu pareja. Yo puedo sentir celos y comunicarlos de manera asertiva, entendiendo que el otro tiene su espacio y yo el mío. Pero si te culpo a ti de mi inseguridad y utilizo eso para atacarte, castigarte o coartarte, ahí hay un problema que se debe revisar.

P. ¿Cómo se puede trabajar el concepto del consentimiento en una edad en la que la presión de grupo es tan fuerte?

R. El consentimiento es algo básico, pero hay que trabajarlo mucho porque existen demasiadas expectativas y presiones. A veces los jóvenes realizan conductas en el plano sexual que no desean solo por encajar. Siempre hay que escuchar al cuerpo: si no estás cómodo con algo, dilo directamente. Si la otra persona te quiere, lo va a comprender. Y si no lo comprende, es mejor buscar a otra persona, porque saltarse el consentimiento tiene un nombre muy claro: violación.

P. ¿De qué manera influye el consumo temprano de pornografía en la forma en la que los jóvenes entienden el deseo y el placer?

R. Afecta directamente. La inmensa mayoría de las personas jóvenes se educan sexualmente a través de la pornografía de internet, la cual es sumamente violenta, machista, dominante y está totalmente alejada del sexo real y del consentimiento. Esto genera una percepción distorsionada que luego provoca muchos conflictos a la hora de relacionarnos, porque se intenta imitar esa violencia en la vida real.

P. ¿Qué importancia tiene la educación emocional para evitar que las relaciones de pareja se conviertan en dinámicas de control o posesión?

R. Es fundamental para cualquier tipo de relación. Sin educación emocional no hay responsabilidad afectiva, no sabemos comunicar lo que sentimos ni relacionarnos de forma sana. Al final, la falta de comunicación solo genera conflictos y termina en tratarse mal a uno mismo o a la otra persona.

P. Cuando abres el turno de preguntas de forma anónima entre los alumnos, ¿cuál es la duda o el miedo que más se repite?

R. Más que miedos, veo muchas dudas sobre el deseo de probar cosas nuevas en el plano sexual. A la gente le suele preocupar o juzgar negativamente todo aquello que se sale del coito convencional. Cuando surgen preguntas sobre el autoconocimiento o explorar la sexualidad de una manera más amplia, genera mucho tabú y rechazo entre los jóvenes, sobre todo por el miedo al «qué dirán» o por no romper las expectativas de la masculinidad tradicional.

P. ¿Cómo podemos fomentar una educación sexual que no se centre solo en los riesgos (embarazos, enfermedades), sino también en el respeto y en el autoconocimiento?

R. Hablando abiertamente de lo que os comentaba: explicando cómo tener prácticas sexuales sanas, rompiendo con lo cotidiano y animando a experimentar desde el respeto. También visibilizando que a algunas personas les gustará la gente de su mismo género, a otras de diferente género, y que todas las opciones son perfectamente válidas.

P. Lamentablemente nos estamos quedando sin tiempo, pero estás invitado a volver cuando quieras. Queremos aprovechar para publicitar tu proyecto. Tienes un podcast, ¿verdad?

R. Sí, tengo un podcast que se llama Deja abierto. Cada semana invito a un psicólogo o un sociólogo para hablar de un tema concreto, y en esta nueva temporada nos estamos enfocando mucho en la salud sexual. Podéis venir de oyentes cuando queráis.

P. ¿Crees que sigue habiendo falta de conciencia sobre la educación sexual en cursos como tercero o cuarto de la ESO?

R. Claro. En esos cursos los alumnos están muy verdes todavía; se es muy joven para comprender todo lo que implica la dimensión sexual y afectiva. Es una época de descubrimiento, de saber quiénes somos y qué nos gusta. Si a esa falta de madurez le sumamos la mala educación que aporta la pornografía, es evidente que hay muchísimo trabajo por hacer en esos niveles escolares.

P. ¿Y qué es exactamente la educación sexual integral?

R. Consiste en integrar todos los ámbitos de la vida en la sexualidad: el físico, el emocional, el social y el psicológico. Implica no entender la sexualidad como algo puramente físico o genital, sino atender a todo lo que rodea al bienestar emocional y social.

P. De hecho, en los institutos se nota mucho la falta de aprendizaje sobre las relaciones entre personas del mismo sexo; apenas se da información sobre la diversidad.

R. Totalmente. Yo me crié en el mismo sistema educativo que vosotros y sufrí esa carencia. Cuando se educa, es fundamental hacer hincapié en la diversidad. De nada sirve enseñar dinámicas afectivas exclusivamente desde la perspectiva heterosexual u homosexual por separado, cuando la diversidad está presente en todas partes. A mí siempre me enseñaron desde el modelo heterosexual y, al ser un chico gay, me quedaba en blanco y no sabía cómo reaccionar.

P. Relacionado con esto, ¿cuál es la diferencia entre identidad de género y orientación sexual? Es algo en lo que la gente se confunde mucho.

R. Es una excelente pregunta. La orientación sexual es el género hacia el cual te sientes atraído afectiva y sexualmente, como la heterosexualidad, la homosexualidad o la bisexualidad. Por otro lado, la identidad de género es el género con el que tú te sientes identificado. Al nacer se nos asigna un género biológico, pero luego cada uno siente cuál es su identidad. A mí me asignaron el género masculino y me siento identificado como un hombre (cisgénero). Si mi identidad no coincidiera con el sexo asignado, sería una persona transexual o no binaria.

P. ¿Qué tipo de labor realizáis desde vuestra organización, Apoyo Positivo?

R. Tenemos un programa de acompañamiento muy extenso que abarca el ámbito social, psicológico y educativo. Trabajamos tanto en centros educativos como en el ámbito de la salud, realizando pruebas de Infecciones de Transmisión Sexual (ITS), intervenciones sociales sobre salud, drogas, y talleres de diversidad por las tardes. De hecho, aprovecho para avisar a todo el instituto de que tenemos un grupo para jóvenes del colectivo LGTBIQ+ llamado Diversidad, donde hacemos arteterapia, voluntariado, teatro y muchas actividades más.

En la ONG Apoyo Positivo tenemos un programa de acompañamiento muy extenso que abarca el ámbito social, psicológico y educativo. Entre otros proyectos, tenemos un grupo para jóvenes del colectivo LGTBIQ+ llamado Diversidad, donde hacemos arteterapia, voluntariado, teatro y muchas actividades más.

P. ¿Y cuál es la diferencia exacta entre sexo, género y expresión de género?

R. El sexo es lo puramente biológico; los genitales y características físicas con las que uno nace, sexo masculino o femenino. El género es una construcción social, es decir, lo que una cultura define y espera de lo que es «ser un hombre» o «ser una mujer», incluyendo identidades que rompen esa dualidad como el género no binario o el género fluido. Por último, la expresión de género es cómo manifiestas externamente ese género, a través de la ropa, el comportamiento o la estética. Hay muchas formas diversas de expresar la masculinidad y la feminidad.

P. ¿Qué es la intersexualidad?

R. Es un gran tema, aunque debo decir que no es mi especialidad. La intersexualidad se refiere a personas que nacen con características biológicas, genéticas o genitales que no se ajustan por completo a las definiciones típicas de hombre o mujer. Es una condición puramente biológica, no un constructo social.

P. Tocando el tema de la salud mental, ¿cómo afectan estas charlas y el aprendizaje de conceptos nuevos a los jóvenes de nuestra edad?

R. Afecta de forma muy positiva. Abre la mente, ayuda a respetar las realidades de los demás y visibiliza las opresiones. Por ejemplo, si un alumno sufre rechazo en su clase por ser homosexual y de repente recibe una charla donde se explica que ser gay es completamente normal, su salud mental mejorará, se sentirá más seguro y libre. Pero también beneficia al resto del grupo, porque aprenden a no vivir desde la defensiva o la violencia. Las personas violentas nunca son felices; habitualmente esa agresividad es el reflejo de sus propias inseguridades.

P. Cambiando de tema, en la calle se escucha a veces una confusión entre los términos: ¿cuál es la diferencia entre ser transexual y ser travesti o hacer drag? Aunque suenen parecido, la diferencia es abismal.

R. Es una diferencia enorme porque una es una identidad de género y la otra es una disciplina o una expresión puntual. La transexualidad consiste en identificarse de forma permanente con un género distinto al asignado al nacer; la persona vive y se siente en ese género. El travestismo, en cambio, consiste en vestirse con ropa del otro género en momentos determinados porque la persona se siente cómoda o quiere romper una norma estética, pero no significa que se identifique como una mujer o un hombre trans. Por su parte, el drag (como las drag queens) es la disciplina artística del travestismo, donde se crea un personaje y se exageran los rasgos de género con fines de espectáculo, pero quienes lo practican no tienen por qué ser personas transexuales.

P. ¿Crees que hoy en día algunas personas transexuales confunden estos conceptos? Hay quienes defienden que son mujeres biológicas sin comprender del todo la definición.

R. Creo que lo tienen clarísimo. Una persona trans lo es desde siempre, y el proceso implica luchar y sufrir tanto a nivel social que su identidad está muy madurada. Quien suele cuestionar la identidad de una persona trans generalmente es alguien de fuera. Las dudas personales pueden existir debido a los prejuicios que nos enseña la sociedad, pero la diferencia entre travestismo, drag y transexualidad la tienen perfectamente clara.

P. ¿Por qué se utilizan actualmente los pronombres «él», «ella» y «elle»?

R. Socialmente siempre hemos conocido el binarismo de género («él» para el masculino y «ella» para el femenino). Sin embargo, la sociología y la psicología han demostrado que el género es un constructo social que cambia según la cultura. El pronombre «elle» surge para dar espacio a las personas que no se identifican con ninguno de los dos géneros tradicionales (personas no binarias) y prefieren un lenguaje neutro. Es una etiqueta social con la que un grupo de personas se siente identificado y respetado.

P. ¿Ves bien que desde pequeños se les empiece a inculcar esto en series infantiles? Por ejemplo, en fragmentos de dibujos donde los personajes hablan de su identidad de género. ¿Es positivo introducir estos temas en primaria o edades más tempranas?

R. Os agradezco el debate. Yo os doy mi perspectiva como hombre gay: todos los dibujos de Disney y series que vi en mi infancia eran exclusivamente heterosexuales, con príncipes que salvaban a princesas. A pesar de que me introdujeron la heterosexualidad por todos los canales posibles, yo no crecí siendo heterosexual. Si la orientación o la identidad fueran influenciables, las terapias de conversión funcionarían, y sabemos que no es así; con esto se nace. Por tanto, hablarle a los niños de que existen diferentes identidades y orientaciones no los influencia, sino que les da herramientas para entender el mundo y les evita sufrimiento. Si a mí con cinco o seis años, edad a la que ya me insultaban en el colegio sin yo saber qué significaba esa palabra, un maestro me hubiera explicado que la diversidad existe, me habría ahorrado muchos años de pasarlo mal. Cuando a los diez años conocí a mi primer profesor gay y me presentó a su marido, comprendí que yo no tenía nada malo. Hay que hablar de ello desde siempre, adaptando el lenguaje a su madurez, no para influenciarlos, sino para educar en el respeto y la normalidad.